9.5.17

LA SUERTE, EL NORTE, Y DEN GAMLE BY (AARHUS, DINAMARCA)


Muchas veces surge la discusión sobre los daneses. Si son amigables, abiertos, buena onda, y qué tan fácil es para algunos extranjeros adaptarse a ellos.
En nuestro caso, conocimos personas muy especiales que nos acompañaron durante todo el año viviendo en Copenhague. Una, en particular, que siempre es divertido nombrar cuando sale el tema. "Tengo una amiga de 70 años".

Es una señora que siempre digo que cayó del cielo, es la prueba más concreta de que tengo mucha suerte en algunas cosas. Su nombre es Lisbeth. Es abuela, un amor, baila tango y ama Argentina. 
Nos buscó por el aeropuerto, nos hospedó en su casa, conoció a nuestras familias y nos hizo pizza de papa. Y hace unas semanas nos dijo que nos quería llevar a conocer su casa de verano en el norte de Dinamarca. Es muy común que los daneses tengan casas de verano, porque en general viven en lugares muy chicos en la ciudad. Toda la gente que conocí tiene estas casas en la misma zona, al norte de la isla Jylland. Es una de las tres islas principales de Dinamarca, del lado opuesto a Copenhague. 


Quedamos en encontrarnos en Aarhus, otra ciudad importante de Dinamarca, y de ahí ir en auto a su casa en Fjerritslev.


Entre las cosas que hay para hacer en Aarhus un día de pascuas gris está Den Gamle By. Es un museo abierto de casas antiguas, construidas entre 1500 y 1800. Un viaje al pasado donde encima podés entrar y ver cómo vivía la gente. 



Con actores y todo.










Hay un museo de relojes antiguos...



Y hasta una pastelería de cuento.


Kransekage










Nos encontramos con una tienda de electrónicos que me encantó.




 Y la farmacia.







Para llegar a Fjerritslev pasamos por campos y pueblitos con iglesias del 1800.






El bosque que rodea las casas de verano


La famosa pizza de papa con romero


El paisaje que me moría por ver: las únicas montañas en todo el país. Más o menos.
Svinkløv era una isla en la Edad de Piedra, y durante la Segunda Guerra estuvo ocupada por los alemanes. Se supone que hay cañones tirados y hasta un búnker.








Además de bosque, campo, pueblo y montaña, fuimos a la playa, donde hacía un poco de frío y mucho viento como para meterse al agua, pero a una familia no le importó.






Una lección para los próximos viajes: no ir solamente a la capital.